Reconocer lo que sentimos también es una forma de cuidarnos
Las situaciones de crisis pueden transformar nuestra manera de sentir, relacionarnos y comprender lo que ocurre a nuestro alrededor. Por eso, reconocer lo que sentimos nos permite comprender nuestras reacciones y encontrar recursos para afrontarlas de manera segura y saludable.
En este proceso, no se trata únicamente de hablar de aquello que nos duele. También es importante recuperar aquello que nos ayuda a sentir bienestar: la alegría, el juego, la creatividad, la calma, los vínculos y los pequeños logros pueden convertirse en recursos para atravesar momentos difíciles y recuperar progresivamente la sensación de seguridad.
¿Por qué nombramos el terremoto?
Este material nace en un momento y en un territorio concreto. Después del terremoto y de las situaciones que sus secuelas han generado en nuestras comunidades, nombrar lo ocurrido es una decisión pedagógica y de cuidado. No podemos hablar de las emociones que atraviesan niñas, niños, jóvenes, familias y docentes desconociendo el acontecimiento que hace parte de su experiencia actual.
Nombrar el terremoto, sin embargo, no significa revictimizar. Revictimizar no es reconocer que una comunidad ha atravesado una experiencia difícil; el riesgo aparece cuando se obliga a las personas a narrarla, se insiste en el sufrimiento o se las expone nuevamente al acontecimiento sin condiciones de seguridad y acompañamiento. Por eso, nuestra propuesta no se limita a mencionar lo sucedido: reconoce el contexto y, al mismo tiempo, ofrece herramientas para escuchar, expresar, regular y acompañar las emociones que pueden surgir a partir de él.
Esta perspectiva coincide con las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre primeros auxilios psicológicos, que plantean una ayuda humana, práctica y respetuosa para personas que atraviesan situaciones de crisis. Su enfoque propone observar, escuchar y conectar, respetando la dignidad, las capacidades y el ritmo de cada persona, y señala que no se debe presionar a nadie para que cuente aquello que no desea compartir.
También reconoce el papel de los espacios educativos en estos procesos. UNICEF señala que, en contextos de emergencia, la educación puede ofrecer protección psicosocial y espacios seguros donde niñas, niños y adolescentes desarrollen recursos para afrontar las crisis, regular sus emociones y recuperar estabilidad y sentido de normalidad.
Por eso, hablar del terremoto en este material es una forma de situar las herramientas en la realidad que hoy estamos viviendo, no de quedarnos atrapados en ella. Queremos acompañar el después: ese momento en el que aparecen el miedo, la ansiedad, la tristeza, pero también la alegría, la calma, el juego, la esperanza y las ganas de volver a encontrarnos.
Un material que puede adaptarse a otras realidades
Aunque esta guía surge a partir de lo ocurrido con el terremoto y sus secuelas, las herramientas que propone pueden adaptarse a otras situaciones de crisis y a diferentes contextos familiares, educativos y comunitarios.
Cada comunidad podrá tomar aquellas estrategias que considere pertinentes, ajustarlas a sus necesidades y utilizarlas respetando las edades, experiencias y ritmos de quienes participan.
Porque acompañar emocionalmente no significa tener todas las respuestas. Significa crear condiciones para que podamos reconocer lo que sentimos, escucharnos sin juzgar, recuperar recursos para afrontar las dificultades y recordar que no tenemos que atravesarlas en soledad.
Nombramos lo que pasó, no para quedarnos allí, sino para encontrar herramientas que nos ayuden a transitar lo que viene después. 💛
